Nueva York acaba de abrir un debate que Chile no debería eludir. Su alcalde, Zohran Mamdani, estableció una moratoria de un año al uso directo de inteligencia artificial generativa para cerca de 600.000 estudiantes de las escuelas públicas, desde prekindergarten hasta octavo grado.

No se trata de prohibir la inteligencia artificial, sino de estudiar sus efectos antes de incorporarla masivamente en una etapa decisiva del desarrollo humano: la niñez. La inteligencia artificial generativa es capaz de crear contenidos a partir de las instrucciones que recibe: puede escribir, responder preguntas, resolver problemas o crear imágenes, videos y música.

Precisamente porque puede hacer tantas cosas que antes requerían esfuerzo intelectual humano, debemos preguntarnos qué ocurre cuando ponemos esa capacidad en manos de niños que todavía están desarrollando las habilidades que la máquina puede reemplazar. La pregunta de fondo no es tecnológica. Es qué entendemos por educación. La escuela no existe solamente para transmitir información.

La educación tiene como propósito el desarrollo integral de niñas y niños: enseñarles a pensar, crear, preguntar, equivocarse, perseverar, relacionarse y resolver problemas. El esfuerzo cognitivo es parte fundamental del aprendizaje y del desarrollo socioemocional. Buscar una respuesta

Fuente original: Alerta Noticias Temuco

Pulso Angelino

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