La longaniza de Chillán ha recorrido un largo camino. Pasó de las cocinas campesinas y las primeras fábricas familiares a convertirse en uno de los productos gastronómicos más reconocidos del país, protagonista de una celebración multitudinaria y poseedor, desde 2023, de su propia Denominación de Origen.
Ese recorrido continúa escribiéndose este fin de semana en la Fiesta de la Longaniza 2026, que reúne a 281 expositores entre cecineros, artesanos, productores vitivinícolas y cerveceros. En medio de las preparaciones tradicionales, algunos participantes se han atrevido a experimentar con nuevas combinaciones para atraer a un público dispuesto a probar sabores distintos.
Es el caso de Cecinas Cordillera, que está ofreciendo choripanes acompañados por salsas que escapan del clásico pebre. Entre sus alternativas aparece una llamativa mezcla de jalapeño con kiwi, ejemplo de cómo un producto profundamente ligado a la identidad local puede dialogar con tendencias y sabores contemporáneos. No es la primera vez que la innovación resulta determinante en la historia de la longaniza chillaneja.
De hecho, una adaptación realizada hace más de un siglo habría sido clave para el nacimiento del producto tal como se conoce actualmente. En 2017, la historiadora
Fuente original: La Discusión
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