La presencia de fauna silvestre en zonas urbanas de Ñuble, lejos de ser una simple curiosidad, constituye una señal que obliga a la comunidad a aprender cómo reaccionar. Los recientes avistamientos de zorros en Villa Kennedy, en Chillán, y en el centro de Ñipas, en Ránquil, muestran que la frontera entre los espacios habitados y los ambientes naturales puede ser mucho más permeable de lo que suponemos.

En ambos casos, afortunadamente, la respuesta fue la adecuada: se dio aviso a los organismos competentes y se activaron procedimientos destinados a proteger tanto a las personas como a los animales. En Villa Kennedy, el zorro chilla fue capturado por personal especializado del SAG, evaluado por veterinarios y posteriormente liberado en un ambiente natural apropiado.

En Ñipas, en cambio, el zorro culpeo juvenil encontró una vía natural hacia un sector boscoso cercano al río y pudo ser ahuyentado de manera controlada, sin necesidad de capturarlo. La diferencia entre ambos procedimientos es importante, porque demuestra que frente a un animal silvestre no existe una única reacción mecánica. La intervención debe depender de las condiciones del lugar, del comportamiento del ejemplar y de los riesgos

Fuente original: La Discusión

Pulso Angelino

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